En medio de un Mundial en el que varias de las selecciones grandes o candidatas han decepcionado en sus partidos de debut, una buena parte de los medios especializados sigue mirando con lupa todo lo que dice y hace Diego Maradona, persona non grata oficiosa del establishment del fútbol internacional. Pese a la más que aceptable actuación de Argentina en los dos primeros partidos, hace apenas unas horas he escuchado a una de las voces más reconocidas del periodismo deportivo en español desacreditar el trabajo como entrenador del Diez al decir que “apenas sabe cuatro cosas”. Una afirmación que me ha dejado pensando, y que probablemente tenga bastante de cierto. A no ser que la Albiceleste gane la Copa del Mundo, no creo que el trabajo del seleccionador argentino haga escuela, o que sea aprovechado por otros profesionales. Tal vez Maradona solo sepa cuatro cosas pero, mientras el equipo está con vida en Sudáfrica, me parece valioso repasarlas.
El primer acierto de Diego Maradona y su cuerpo técnico fue el de organizar una preparación low impact para sus jugadores. Tanto para los que actúan en Europa, como para el puñado de convocados del medio local, las casi tres semanas de descanso dentro del marco de la concentración de la selección sirvieron para cargar pilas, a nivel físico y psicológico. Un simulacro de partido oficial frente a Canadá y los consabidos ensayos tácticos frente a los equipos juveniles que históricamente sirven de sparring a la Albiceleste durante las Copas del Mundo. Ese es todo el fútbol que el Diez ha querido que sus jugadores practiquen antes del debut frente a Nigeria. Una disposición que lleva el sello personal de Carlos Bilardo -hoy secretario técnico de la AFA-, que hizo algo muy similar cuando entrenó a Argentina en los certámenes de 1986 y 1990. Teniendo en cuenta la cantidad de lesiones que se han producido antes y después del arribo de las distintas selecciones a Sudáfrica, la decisión de Maradona se presenta como correcta, por decir lo mínimo.
El segundo punto a destacar en beneficio del entrenador de la bicampeona del Mundo es el trabajo de las jugadas a balón parado. Tres de los cinco goles que ha marcado hasta ahora Argentina han llegado tras la ejecución de faltas o tiros de esquina. Desde su llegada al banquillo de la selección mucho se ha hablado de la falta de rigor profesional de Maradona. Durante las eliminatorias en Sudamérica muchas de las críticas que se han lanzado sobre el Pelusa han tenido bastante sustento. Pero en los dos partidos que la selección disputó hasta el momento en Sudáfrica se notaron tres o cuatro detalles que hacen evidente el ensayo de varias jugadas preparadas. Si los cálculos no me fallan, Argentina es el equipo que hasta el momento mayor rédito ha conseguido sacar a la ejecución de faltas, un aspecto que los dos anteriores seleccionadores -José Pekerman y Alfio Basile- dejaron bastante librado al azar y a los arrestos individuales.
Desde el inicio de este año, Maradona ha demostrado que sabe manejar a un grupo plagado de egos, como es la selección argentina. Mucho antes de hacer oficial su lista de 23 efectivos para el Mundial, el entrenador comenzó a dejar claro que dejaría fuera de la convocatoria a algunas vacas sagradas. Al anunciar su decisión con tanta antelación minimizó (aunque no evitó) las reacciones negativas frente a algunos de los cortes que efectuó hace apenas algunas semanas. Ya en Sudáfrica, no le tiembla el pulso para quitar del once titular o para mantener en el banco de suplentes a nombres de muchísimo peso. Diego -que entrena a la par de sus jugadores, vestido de azul, como si fuera una especie de Papá Pitufo- ha retomado el liderazgo del grupo, que parecía cuestionado en los últimos encuentros de las eliminatorias. El Diez no escatima gestos de cariño hacia muchos de sus futbolistas en todo momento, pero en ningún instante deja de ser el jefe del campamento. El acto de contricción que realizó en el seno de la selección, en el que asumió sus errores durante el camino hacia Sudáfrica, no ha hecho más que fortalecer su ascendente sobre sus jugadores.
Pero tal vez lo más destacable que el entrenador ha conseguido hacer es transformar a Leo Messi en un elemento útil para la selección. El mérito no es únicamente atribuible a Maradona, está claro. Pero sí que puede decirse que ha tenido un rol preponderante. Primero, ha mantenido una infinidad de charlas con el jugador del Barcelona en los últimos meses. En base al feedback que ha obtuvo del rosarino, el Diez intentó replicar sobre la cancha un sistema de juego que sea más o menos similar al que practica el equipo de Pep Guardiola. El experimento no pudo ponerse en práctica durante las eliminatorias, pero sí que parece estar funcionando en el Mundial. Messi tiene plena libertad sobre la cancha, y ya es el dueño del equipo. Por otra parte, los recurrentes problemas de integración al grupo de la selección que el atacante culé evidenció cada vez que viajó a Buenos Aires para jugar para su país parecen estar solucionados, o en vía de solución. Uno de los grandes responsables de este cambio -el máximo, probablemente- es Juan Sebastián Verón, compañero de habitación de Leo en Sudáfrica, y uno de los caciques de la Albiceleste. El jugador de Estudiantes de La Plata viene cumpliendo desde hace meses una función docente vital, en la que está enseñando y habilitando a un chico que ya ha vivido la mayor parte de su vida en la capital catalana a ser el jefe -no solo para este Mundial, sino a futuro- de la selección del país en el que nació. Huelga decirlo, Leo Messi y su familia también tienen un gran mérito en este cambio de actitud, que nos muestra a un jugador más maduro, más honesto con sus emociones, y más abierto al contacto con la prensa y la afición de Argentina.
Con toda la provisionalidad que dan apenas dos triunfos en la primera ronda del Grupo B de Sudáfrica 2010 -que ni siquiera garantizan matemáticamente la clasificación a octavos de final- las cuatro cosas que Diego Maradona parece tener claras de momento han funcionado. Con un gran plantel a su disposición, pero sin alardes, sin estridencias, sin tácticas revolucionarias, el seleccionador argentino se hace fuerte. Su proyecto tiene la solidez que por ahora está ausente en varias de la selecciones que llegaron al Mundial como supuestas grandes animadoras del torneo.